Educar las emociones: Una necesidad humana urgente
“Educar la mente sin educar el corazón no es educación en absoluto.”
La sociedad actual se ha consolidado como una gran escuela que enseña a todas las edades que lo más importante es acumular conocimientos académicos, alcanzar el éxito profesional y lograr reconocimiento social. Sin embargo, en este camino solemos olvidar algo esencial: aprender a reconocer y gestionar nuestras emociones.
¿Por qué la Inteligencia Emocional importa?
Hablar de emociones y de su adecuada gestión aún genera rechazo. Persisten prejuicios y estigmas asociados a la salud mental, sumados al miedo natural de enfrentar algo que nunca se nos enseñó a practicar ni comprender en profundidad. Es así como se posterga una de las habilidades más determinantes para la vida cotidiana: la inteligencia emocional.
Salovey y Mayer (1990), pioneros en el concepto, la definieron como “la capacidad para razonar y supervisar los propios sentimientos y emociones así como los de los demás, discriminar entre ellos y utilizar esa información para guiar el pensamiento y la acción”. Este proceso lejos de ser sencillo exige conciencia, práctica y voluntad de transformar lo que sentimos en decisiones más constructivas. Sin embargo persiste:
- Un rechazo al mundo interno.
- Desconocimiento e ignorancia sobre su integración y beneficios.
Investigaciones recientes señalan que la inteligencia emocional actúa como un factor protector frente a múltiples trastornos mentales, fortaleciendo la resiliencia, favoreciendo la toma de decisiones en situaciones de estrés y promoviendo relaciones interpersonales más saludables (Collado-Soler et al., 2023). Por el contrario, su deficiente desarrollo desde etapas tempranas impide prevenir y afrontar eficazmente problemas de salud mental más complejos (Dollar et al., 2022).

